La final pertenece a dos naciones.
Pero México nos dejó algo mucho más grande.
Una ciudad que celebró al unísono.
Calles convertidas en lugares de encuentro.
Personas desconocidas que, durante noventa minutos, se convirtieron en familia.
Nuestros equipos quizá no llegaron a la final,
pero esta historia nunca fue solo sobre levantar un trofeo.
Siempre ha sido sobre lo que el fútbol hace posible:
el encuentro, la celebración y los recuerdos compartidos.
Once Upon a Field rinde homenaje a ese espíritu.
Y este verano, México le dio vida de maneras que nunca imaginamos.
El silbatazo final está por sonar.
Pero la exposición continúa.
Ven a descubrir el campo donde la historia sigue.
Agradecemos a los artistas que formaron parte de este equipo.